Ecos de América.

 Estamos en un momento que se mira a la historia de una forma incorrecta. Parece que no somos capaces de ver los hechos históricos con la perspectiva del momento en que ocurrieron los hechos. E incluso algunos se permiten el lujo de hacer interpretaciones torcieras para encajar la historia a su pensamiento, haciendo pseudohistoria. En esas estamos, derribando las estatuas de multitud de sitios intentando borrar la historia que nos precede y no se puede cambiar, para bien o para mal. Tal es el problema que hay que pedir respeto por nuestro pasado, contar la verdadera historia, sea cual sea, con humildad, pues la pseudohistoria tiene un calado profundo. 

Particularmente nos da pena que en nuestro municipio durante toda su andadura historica no haya sido capaz de hacer una estatua a cualquiera de los vecinos que lo merezcan por méritos propios, y los hay, a saber: Antonia Herranz, Fray Francisco de Bivar, Gaspar de Morales… o incluso que tuviéramos una estatua realizada por vecinos que tienen un hueco entre los escultores, como por ejemplo D. Cándido Monge, del que en su primera exposición en nuestro y su municipio, hace ya más de un lustro, oímos que una escultura suya decoraría una rotonda, nunca ocurrió. A día de hoy, parece que una escultura de Cándido, lucirá al inicio de la Calle Real, en el mirador donde empieza la Ronda de las Cuestas. La escultura lleva como título "Una ventana al horizonte", y sirve de homenaje al arquitecto y vecino fallecido recientemente D. Juan Castro, por suscripción popular y colaboración del consistorio.



Hace relativamente poco tiempo, los paracuellenses también destruimos nuestro patrimonio, como pasó con el avión dedicado a los hermanos De la Cierva cambiandose por una bandera, mira que había rotondas para decorar; o por ejemplo el tanque parte del ornamento de una rotonda en la zona industrial, realizada por un trabajador a punto de jubilarse que, con más de un año de esfuerzo para acabar la escultura a sus espaldas, se destruyó para colocar una grúa sustituyendo la función decorativa, y mira que había rotondas en el polígono para decorar. Que guste o no es otro cantar,  a lo mejor hay que buscar el consenso antes de colocarlas (difícil en muchas ocasiones por el partidismo profundo que existe en la mayoría de los grupos políticos). La única estatua que existe en Paracuellos está en el Picón del Cura, donada por AENA en 2004 del escultor D. Miguel Alamillos, con el título "Monumento al trabajo". Particularmente pondríamos una estatua ecuestre al genuino maestro en artes Norberto C.O., por su buen hacer, pero sobre todo por buena persona, pero va a ser imposible. 
Es en Veracruz, actual México, donde hay una estatua a Yanga, que afortunadamente la han respetado. La estatua se erige a un africano capturado y mandado a América como esclavo. En un momento en el que los europeos teníamos la fea costumbre de utilizar mano de obra esclava para los latifundios americanos. La elección de utilizar africanos con este fin estaba principalmente porque los habitantes de américa eran considerados españoles, y estaba mal visto utilizarlos como esclavos. Además, tenían un problema de malaria que parece que los africanos ya habían conferido cierta resistencia. Según cuentan las crónicas, la corona española tuvo que requerir sus servicios de un jesuita paracuellense para salvar las almas de los rebeldes en el llamado alzamiento de los negros. Las tropas españolas que se enviaron estuvieron formadas por indios, criollos, mestizos y algunos negros y su misión consistía en “pacificar” a los “revoltosos” de la zona y poner fin a las acciones de los esclavos fugitivos encabezados por Yanga, que como hemos comentado, era un esclavo capturado en África en la región de Brang de la Guinea, Imperio de Ghana. En 1609 corrió la noticia de que un grupo de hombres de origen africano querían matar a los capitalinos y coronar como rey al insurrecto Yanga en las montañas de Orizaba. El virrey de México ordenó que los que fuesen aprehendidos fueran descuartizados y clavadas sus cabezas en picas por los caminos. Para cumplir con este cometido, mandó tropas que contaban entre sus filas a dos jesuitas, uno de ellos es Fray Juan Florencio Laurencio. 

El Padre Juan Florencio Laurencio, nació en Paracuellos en 1562. Probablemente ingresó en el convento de san Luis de Paracuellos cuando era sólo un niño, pero con apenas 15 años entró en la Compañía de Jesús, y un año más tarde se marchó a América. México fue su destino, concretamente Veracruz en cuyo convento se instaló en 1588. Se dedicó a la ocupación de maestro de espíritu de la juventud y emprendió la interpretación de los salmos de David. En 1622 a este paracuellense le nombraron rector de la Casa Profesa de México, lugar que residió hasta su muerte en 1623, en esta etapa aprendió los idiomas otomí y mexicano.

Fray Juan Florencio Laurencio (Paracuellos de Jarama 1562-México 1623), fue el encargado de hacer la crónica de esta revuelta. Ya ven como la historia nos va dando vecinos con la suficiente justificación para cuanto menos una calle, pero también podría ser una estatua. 

 Luis Yuste Ricote y Javier Nájera Martínez. 

Cronistas Oficiales de Paracuellos de Jarama. 

 Bibliografía:

 - NÁJERA, J.; YUSTE, L. (2016): “Historia(s) de Paracuellos de Jarama”. Ayuntamiento de Paracuellos de Jarama, Madrid.

Comentarios

Entradas Populares