Crónica de la Iglesia de San Vicente Mártir

    Como les contábamos en la anterior entrada, el culto a san Vicente Mártir en Paracuellos de Jarama tiene sus raíces en el medievo, cuando el municipio era una Encomienda de la Orden de Santiago. Según el libro de visitadores, la iglesia era la tercera en importancia de la institución santiaguista. Paracuellos en 1541 tras ser desmembrada de la Orden de Santiago, se traslada la población desde su enclave original en los alrededores del castillo a la situación geográfica actual, quedando muy lejos de los feligreses. Es entonces cuando comienza la historia del monumento que disfrutamos hoy en día.

 

Dibujo de la iglesia de San Vicente Mártir justo antes de la remodelación de la Plaza de la Constitución.

    La iglesia fue construida en el terreno de dieciocho linajes de hidalgos, sufragada con el mayorazgo del cardenal Juan Tavera (1472-1545) en manos de su sobrino, cuyo origen constructivo podría ser el 1587, según reza en una piedra de granito en la fachada sur. Los compradores de la villa fueron los I Señores de Paracuellos, el mariscal de Castilla Antonio Ares Pardo Saavedra (c.1509-1561) y su mujer Luisa de la Cerda (†1596) hija del II duque de Medinaceli. Testigo del promotor de la obra está el escudo de este que acompaña la parte superior de la portada de arco de medio punto de la puerta lateral. Hay que añadir el montante de donaciones vecinales que ascendió al 22.000 ducados y fue realizada en tiempos del cardenal Quiroga, es decir entre 1578 y 1594. En las relaciones topográficas de 1579 cita tanto la devoción y voto por san Vicente mártir, como la existencia de la iglesia en el enclave actual. La documentación existente propone la existencia de clero secular a partir del año 1590. 

A la izquierda dibujo creado con IA para destacar los detalles del escudo de los Pardo – de la Cerda. A la derecha inscripción de la fachada sur que reza 1587 años.
 

    Se desconoce el arquitecto del monumento, pudiendo ser alguno de los que trabajaron para la pareja Pardo-de la Cerda en la construcción de otros bienes, quizá Nicolás Vergara el Mozo. Parte de los elementos constructivos de sillería son reutilizaciones de los restos de las villae romana situadas en el municipio. Hemos de decir que la pareja opta por la construcción de la iglesia de Santa Ana en Paracuellos con el patronazgo de la pareja, a la que la iglesia de San Vicente Mártir aparece como aneja a ella en las Relaciones Lorenzanas.

    Tras el fallecimiento de Ares Pardo, su mujer, y, sobre todo hijos Juan Pardo Tavera (1550 – 1571) y Guiomar Pardo de la Cerda (†1622) son los que se encargan de la terminación y ornamentación de la iglesia. Giomar dona en 1605 tierras, ornamentos y obras de arte para el mantenimiento de los oficios religiosos y la funcionalidad del edificio. Unos años después, en 1608, se examina para la construcción del retablo a Mateo González, ensamblador de retablos toledano. El retablo original estaba decorado con cuadros del pintor toledano Pedro López, discípulo de El Greco, con pinturas del “Martirio de san Vicente”, la “Anunciación” y el “Nacimiento del niño Jesús”. Además, contaba con altares para el Santísimo Cristo de la Salud,  la Virgen de la Ribera, San José, las Ánimas, el santo Cristo de la Torre, san Isidoro y la Virgen del Rosario. En 1637, tuvo que acometerse ciertas obras tanto en la estructura como en las terminaciones por Pedro Fernández Peralta maestro de obras y vecino de Torrejón de Ardoz. La obra según su expediente de obra  que se ande obligar a quitar seys pilares de la iglesia del S. Vicente y en su lugar poner otros seys de piedra berroqueña como así dejaron escrito los maestros de Madrid y Alcalá que se juntaron probablemente a petición del consejo municipal. El maestro de obras hablaba también de la necesidad de apuntalar primero estos pilares viejos e ir sustituyéndose progresivamente por los nuevos. Y de cuantos despojos que quedaren de los pilares viejos después de los que se aprovechara en los nuevos haya de quedar para la iglesia. El coste de la obra ascendió a 600 reales de vellón prometidos los quales se me an de dar luego.

    El mantenimiento de altares, lámparas y oficios eclesiásticos se realizaba con el arrendamiento de tierras gestionadas por distintas cofradías destinadas entre otros a estos fines. Poco a poco, fueron despareciendo todas las cofradías, especialmente a partir de 1751 cuando nace, la que actualmente se encarga de los rituales festivos y religiosos con el nombre de La muy devota y humilde congregación del Santísimo Cristo de la Salud y San Nicolás de Bari. Es en este momento cuando se dejan de realizar las fiestas patronales originales del Corpus Christi quedando el residuo consuetudinario de los altares del Corpus que siguen realizando los vecinos de forma altruista y que está a punto de desaparecer; además de ir desplazando el calendario festivo hasta la configuración actual. 

    El templo fue más o menos respetado durante la invasión napoleónica. La iglesia de San Vicente Mártir recoge imágenes y mobiliario del desaparecido con las desamortizaciones convento de san Luis. Se desconocen cuantas campanas tenía, pero  en 1845 fueron colocadas las dos de la iglesia de santa Ana de Paracuellos que estaba en ruinas y que donó o modo de préstamo el Duque. Es probable que en este momento se acometiera algún tipo de restauración u obra de conservación pues se pueden apreciar mechinales (agujeros cuadrados que se dejaban en las paredes para encajar el palo horizontal de los andamios) en las fotografías existentes desde principios del siglo XX y aparentemente no se ve en una obra pictórica de finales del XVIII; obra en la que se puede apreciar una veleta dibujada en el catastro de Ensenada. 

Cuadro de Paracuellos de Jarama en 1883, obra del pintor Valenciano José Florit
Aparici. Colección Particular.

 

Imagen de la iglesia en los años 20 del pasado siglo donde se pueden observar los mechinales.

 

Plano de Paracuellos en el Catastro de la Ensenada (1753), se aprecia la veleta y torre de la iglesia de San Vicente.

    También en 1845 el muro trasero del edificio sufre una modificación por petición de unos jóvenes vecinos reconvirtiéndose en un frontón para jugar a pelota, y que estuvo en funcionamiento hasta mediados de los años 70.

Vecinos jugando al frontón en la parte trasera de la iglesia. Imagen generada con IA.

    Durante la Guerra Civil, el edificio sufre una consecución de destrucciones. Los hechos se centran en julio y agosto de 1936. El retablo es desmontado e incendiado, utilizando el templo para acoger tropas, evacuados y ganado según consta en el archivo de la causa general. La documentación eclesiástica también fue destruida. Todas las figuras de los altares fueron arrasadas. La estatua situada en la entrada sur está falta de manos y cabeza, arrancadas en la época bélica. Las campanas fueron destruidas después de ser arrojadas desde la torre. Durante la dictadura, en la fachada principal, entre la puerta y el campanario, se coloca una placa a los “Caídos por Dios y por España” que es eliminada con la restauración democrática.

    En los años sesenta principalmente, el templo sufre serios desperfectos en la cubierta, que acentúa sus problemas de impermeabilización, lo que provoca en años posteriores, el derrumbe de algunas bóvedas de los altares laterales dejando al descubierto sus vigas, y poniendo en serio peligro a los feligreses. Por ello, en 1984 se ejecuta una amplia restauración. Se restituye la imagen en piedra de san Vicente, que actualmente se mantiene en su hornacina exterior original, tras ser encontrada por sorpresa lapidada, quizás alguien intento con ello salvarla de la destrucción pero no de su mutilación.

 

Dibujo de la estatua mutilada de san Vicente en el lateral sur del monumento. 


    Según el Inventario artístico de la Provincia de Madrid la iglesia contenía en el atrio sepulturas del siglo XVII. No hemos podido documentar la restauración de la misma. En el mismo documento certifica que las imágenes que actualmente están colocadas en efímeros altares son de época moderna, imágenes que salieron del taller de Olot en los años 50 del pasado siglo. Las obras son acabadas en 1986. Tras su rehabilitación se realiza un retablo en fresco con Cristo resucitado como tema principal. Se coloca una lámpara central donada y realizada por José Cascales, vecino del municipio. 2004 fue colocado en el campanario un carillón donado por la hermandad que es controlado por ordenador y mantiene el patrimonio cultural inmaterial del sonido de campanas, utilizado para seguir dando aviso a los vecinos en situaciones especiales.

Detalle presbiterio y la lámpara fabricada y donada por José Cascales. 

    Han existido en este siglo XXI intentos de recuperar o dotar de un nuevo retablo por iniciativa privada y de su recuperación tras un estudio histórico por de la Asociación de Artesanos de Paracuellos sin ejecutarse ninguno de los dos. El año 2014 el Cronista Honorifico de Ajalvir realizó un recortable de la iglesia a escala 1:200 para la exposición en Paracuellos de Jarama de recortables de su colección particular. En 2020 se coloca una placa con la historia y tipología del edificio, así como una imagen con la delantera y plano del edificio. La placa mostrada, tiene en anverso oculto el texto propuesto por los Cronistas Oficiales y descartado por al Arzobispado de Alcalá. En 2021, Doinia Laín Huditian realiza una maqueta del edificio a escala 1:100 que se puede disfrutar en el interior del templo.

    Nuestro monumento, gracias a la resolución de 28 de septiembre de 2023, se puede considerar que está prácticamente declarado como Bien de Interés Cultural (BIC), cosa que no ocurre con los yacimientos paleontológicos de Paracuellos. Se puede considerar a la iglesia de San Vicente Mártir como el espacio neurálgico paracuellense. La advocación y voto a san Vicente en Paracuellos está documentada desde el siglo XV. Ha sido una festividad menor durante todo este tiempo con un pequeño hiato entre los años 80, que sin ser festivo, se ha recuperado felizmente su celebración.   

Resolución de protección de la iglesia de San Vicente Mártir de Paracuellos junto a otros BIC.

 

            El edificio ha sido testigo de la creación de la cofradía que este año cumple 275 años, generada como una asociación gremial de agricultores, que, por medio de la religiosidad se creaba una mutua social. El bien, junto a la plaza que la alberga, ha sido y es el centro de reunión y tradición consuetudinaria religiosa hasta la actualidad, donde sobrevive el patrimonio cultural inmaterial y ritos de paso residuales de otros tiempos.

 

            Por su parte, hemos visto a lo largo de la historia, como sin ser un elemento constructivo de una arquitectura sobresaliente, la población paracuellense ha decidido, conservarla, restaurarla y ponerla de nuevo en valor para su utilización como espacio religioso.

            El edificio alberga las cofradías que existen en la actualidad, que mantienen el culto de los altares efímeros en el interior del templo, rotando de lugar dependiendo del momento del año. Las únicas figuras que mantienen durante todo el año su lugar son el Cristo de la Salud, san Vicente Mártir y la Virgen de la Ribera. En los alrededores se sigue manteniendo la tradición de los altares del Corpus. 

Distintas celebraciones. A la izquierda domingo de Ramos, al centro altar del
Corpus Christi y a la derecha Virgen del Carmen.

 

    Los resultados de la restauración de los años 80 del pasado siglo no fueron todo lo deseables que se esperaban y aparecen síntomas de fatiga en los lienzos y goteras en los techos, por lo que se debería realizar un plan de conservación preventiva, que incluya acciones más baratas que evitan males a futuro más caros. Por ejemplo, revisión periódica de tejados, bajantes, sistemas de iluminación y agua, y uno de emergencia con simulacros para salvaguardar los bienes muebles en caso de emergencia (fuego, terremotos…). 

Filtraciones del techado sobre el lateral norte de la iglesia. Desperfectos en muro y zócalo de sillería en la parte sur del edificio.
A la izquierda, imagen de san Nicolás de Bari sobre la pared del lateral sur de la iglesia con grietas en su revocado y humedades en la parte inferior. A la derecha desperfectos sobre pared tras la imagen de san Antón.

    Por eso creemos necesario que el equipo de gobierno municipal, disponga en su mermado presupuesto, de una partida anual para preservar y conservar en las mejores condiciones muestro patrimonio cultural. Por ejemplo un 1% cultural donde se dé cabida a este tipo de actuaciones, que otros pueblos dedican…

    Para poner en valor la edificación se podrían realizar distintas acciones como por ejemplo, una exposición histórica del bien, mostrando la maqueta existente, acompañada de paneles explicativos en una de las salas de la Plaza de las Culturas. Realización de talleres infantiles donde se puedan realizar, gracias a generosidad de Julio Pereda, una maqueta en papel con el recortable que dejo como legado cultural. Este 2026 se cumplen 275 años del nacimiento de la Cofradía del Cristo de la Salud, que se podría aprovechar para poner en marcha estos y otros actos culturales, así como publicaciones escritas, así como coincidiendo con la presentación de la remodelación de la plaza de la Constitución un videomapping sobre la historia de la iglesia y su importancia en la vida paracuellense. Nosotros ya hemos puesto nuestro granito de arena para poner en valor este bien inmueble…

Luis Yuste Ricote y Javier Nájera Martínez

Cronistas Oficiales de Paracuellos de Jarama

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