275 años de Hermandad, 275 años de fiesta viva
Hay instituciones que no aparecen en los grandes relatos históricos y que, sin embargo, son la columna vertebral de una comunidad. La Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, Virgen de la Ribera y San Nicolás de Bari es una de ellas, y una de las instituciones más antiguas que existen en Paracuellos de Jarama. Desde 1751 ha mantenido las fiestas patronales del municipio con pequeños hiatos. No figura en los manuales de historia local como protagonista de ningún acontecimiento extraordinario. Su mérito es otro, más difícil de medir y más fácil de ignorar: el de haber estado siempre ahí.
![]() |
| Aniversario de la Hermandad |
Este año de 2026 se cumplen doscientos setenta y cinco años desde su fundación. Dos siglos y tres cuartos durante los cuales generación tras generación de vecinos y vecinas han asumido voluntariamente la responsabilidad de que la fiesta no muera, de que los rituales se transmitan, de que la memoria colectiva del pueblo tenga un calendario y un espacio donde expresarse. Es un período lo bastante largo como para haber sobrevivido a guerras, epidemias, cambios de régimen, crisis económicas y transformaciones demográficas radicales. Cada una de esas sacudidas históricas pudo haber roto el hilo. No lo rompió.
Sería un error reducir la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, Virgen de la Ribera y San Nicolás de Bari a su función organizativa en torno a las fiestas. Las hermandades y cofradías de este tipo han desempeñado históricamente un papel social mucho más amplio y profundo. Han sido espacios de cohesión en momentos de fractura. Han articulado redes de ayuda mutua cuando no existían otros mecanismos formales de protección colectiva. Han dado voz y representación a sectores de la comunidad que en otros ámbitos permanecían invisibles. Han actuado como memoria institucional del pueblo en períodos en que la memoria oficial era selectiva o directamente hostil a lo local.
En una sociedad rural como fue Paracuellos durante la mayor parte de estos doscientos setenta y cinco años, la Hermandad era también un espacio de negociación simbólica: quién participaba, en qué lugar, con qué responsabilidad. La fiesta no era un paréntesis en la vida social del pueblo; era, en muchos sentidos, su expresión más concentrada. Y la Hermandad era quien guardaba las llaves de esa expresión.
Este peso social no ha desaparecido con la modernización del municipio. Ha cambiado de forma, como es natural. En un Paracuellos que ha multiplicado su población en pocas décadas, que ha incorporado nuevos vecinos con otras raíces y otras referencias culturales, la Hermandad cumple una función integradora que no puede subestimarse: ofrece un marco de pertenencia compartida, un relato colectivo al que sumarse, una forma de decir esto también es tuyo a quienes llegan de fuera. En ese sentido, su labor no es nostálgica sino activa y contemporánea.
Las fiestas patronales no son entretenimiento importado. Son patrimonio cultural inmaterial en el sentido más preciso del término: prácticas, saberes, expresiones y rituales que una comunidad reconoce como propios y que necesitan de personas comprometidas para sobrevivir al paso del tiempo. La Convención UNESCO de 2003 para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial reconoció formalmente algo que cualquier etnógrafo local sabía desde mucho antes: que este tipo de patrimonio es el más frágil de todos, precisamente porque no existe en piedra ni en papel, sino en la memoria y en el cuerpo de las personas.
Cuando una tradición festiva desaparece, no deja ruinas visibles. Simplemente deja de ocurrir. Y con ella se va una capa entera de significado compartido que no se recupera por decreto ni por inversión pública. La Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, Virgen de la Ribera y San Nicolás de Bari ha sido durante doscientos setenta y cinco años el dique que ha impedido esa pérdida. Sin actas fundacionales en las vitrinas de ningún museo, sin grandes subvenciones, sin titulares en la prensa regional: solo la constancia silenciosa de quienes cada año vuelven a poner el hombro y a asumir que esto no puede dejar de hacerse.
Las instituciones culturales de base voluntaria raramente reciben el reconocimiento que merecen mientras funcionan. Se les da por descontadas. Se asume que siempre estarán ahí. Y cuando desaparecen, a veces se comprende demasiado tarde lo que sostenían. Desde las páginas de Historia(s) de Paracuellos queremos dejar constancia de este aniversario y, sobre todo, de nuestro reconocimiento sincero y explícito a una de las instituciones más antiguas de nuestro municipio. Al conocimiento acumulado que guardan sus miembros. A las decisiones tomadas en reuniones discretas que han preservado formas que de otro modo se habrían perdido. A la dignidad con que han sostenido una identidad local cuando tantas otras fuerzas empujaban en dirección contraria. Al tiempo personal donado año tras año por personas que podrían haber hecho otras cosas con él.
275 años son una responsabilidad y también una legitimidad. Son también, y, sobre todo, un motivo de gratitud. ¡Que la fiesta continúe!
¡Felices Fiestas 2026!
Luis Yuste Ricote y Javier Nájera Martínez
Cronistas Oficiales de Paracuellos de Jarama









Comentarios
Publicar un comentario